lunes, 11 de enero de 2010

Temporal

Hoy el mundo estaba lento.Y vacío. Tomé el colectivo de siempre, a la hora de siempre. Pero esta vez hizo su recorrido muy despacio, casi feliz. Pensé que era una eventualidad, y seguí mi camino hacia el subte. La escalera mecánica se deslizaba a modo de paseo. La formación llegó y muy despacio se acomodó en el andén para que podamos subir todos sin miedo de quedarnos afuera. Recorrió todo el tramo de forma tranquila, patinaba por las vías. Subí a la superficie (¿es una redundancia eso?) y caminé tranquila. De alguna manera el tiempo no había pasado y me alcanzaba para caminar las cuadras hasta destino sin apresurarme. Disfrute del camino, miré a la gente, encontré negocios que no había visto antes, todo lento. No sentí el calor. Fue un buen viaje.
Estoy empezando a desarrollar la teoría de que la velocidad a la que anda el mundo es directamente proporcional a la gente que lo habita. Lo mismo se aplica a la sensación térmica. Premio Nobel para mi, gracias.

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