lunes, 4 de enero de 2010

Delay

Siempre quise tener sobrinos. Tengo una muy linda relación con mis tíos, que fueron parte importante de mi vida. Tengo una cantidad interesante de primos menores (no inconmensurable pero interesante) por lo que siempre hubo niños en la familia. Siempre quise saber cómo se sentía ese lazo especial desde el otro lado. 
Hace unos seis meses mi hermana anunció que estaba embarazada. Noticia que fue muy sorprendente porque no hacía mucho que estaba en pareja, y muy festejada porque sería el primer sobrino, nieto, bisnieto y todo. Sin embargo no me emocioné como hubiese esperado. Me alegré mucho, si. Pero recuerdo el día en que mi tía le dijo a mi mamá (su hermana, claro) que iba a tener su primer bebé y mi mamá lloró. Yo no. Pensé que lo asimilaría unos días después, pero todo siguió igual. Pensé que la ficha me caería cuando viera su panza, pero su panza creció enormemente y nada cambió. 
El domingo fui a despedirme de mi hermana con un gran abrazo de costado, porque de frente ya no la alcanzo, y con la tradicional caricia en la panza, diciendo "Chau, bebés" (si, dos). A lo que por primera vez mi hermana contestó con voz infantil: "Chau, tía". Un momento, esa vendría a ser yo. Ahora entendí todo.

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