miércoles, 6 de enero de 2010

El 2x4 de la vida

Soy sincera: hay cierto tipo de personas mayores que no soporto. Esos a los que uno llama amablemente “viejos de mierda”. Me he peleado con varios de esos.
Esta mañana fui a hacerme unos análisis de control. Mientras esperaba mi turno en el mostrador, una señora que aparentaba unos setenta años le pide a la recepcionista que busque su orden. La recepcionista le dice que en la obra social no figura en los padrones. La señora se sonríe y con algo de  indignación  le dice: "¿sabés qué pasa? Es por la edad, ya me dieron por muerta. Hace 70 años que estoy afiliada y tengo 90 años  ¿Cómo no voy a estar en el padrón? Ven las fechas y piensan que ya me morí.” La señora estaba parada muy derecha, hablaba muy claro, pensaba muy lúcidamente, no usaba lentes, ni bastón, ni caminaba del brazo de nadie. Con una mirada nos incluyó a todos los que estábamos ahí en la conversación. Y mientras pensaba preguntarle si de verdad tenía noventa años, una señora  que aparentaba ser bastante más joven agrega: “Entonces yo le sigo los pasos”.


Sra. 1: Nooo, pero usted no se puede comparar conmigo. Es mucho más joven ¿Qué edad tiene?
Sra. 2: 85
Sra. 1: Aaaah, pensé que tenía menos.
Sra. 2: Si, parezco. Es que hay que bailar para mantenerse joven. Yo soy profesora de tango, y también fui cantante de tango.


Continuaron su conversación, que escuche como quien no quiere la cosa, hablando de música para bailar, de los cuatro maridos que había tenido una, de las cirugías que no pensaba hacerse la otra porque en las marcas de su cara llevaba alegrías, tristezas y básicamente toda su vida, descubrieron que vivían cerca y terminaron pasándose teléfonos y direcciones para visitarse.
Estas viejas copadas, como antítesis de las viejas de mierda, me dejaron con una sonrisa a las ocho de la mañana. Y claro, la idea de que mañana mismo empiezo las clases de tango.

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